Lo que pasa después de leer a Alfredo Molano
Después de leer la última
historia del libro “Ahí le dejo esos fierros” del sociólogo Colombiano Alfredo
Molano, no pude evitar hacer una comparación que para muchos será herejía. Los
idealistas comunistas de finales de los 80 e inicios de los 90 son como los
hinchas del Deportivo Independiente Medellín, así es, aunque creo que podría
hacer un ensayo sobre esto, vamos a escribir lo más concisos posible.
Lo primero que hace que estos dos grupos de la sociedad sean tan parecidos tiene que ver con sus pasiones arrolladoras e inexplicables por llegar a un objetivo que parece inalcanzable, estos dos grupos empujan lo que sea y por encima de lo que sea aun conociendo o por lo menos oliendo el desenlace ya cantado, el que diré, sin justicia a los dos, es siempre perder. E injusticias es lo que han padecido, pues además de incomprendidos y torturados, nadie se apiada de ellos, son ellos mismos quienes alimentan su fe ciega a una organización que no les da más que tristezas, trabajan para hacer crecer dichas organizaciones no importa si se va el salario en ello, y este es el segundo argumento de por qué son tan parecidos.
Para los comunistas hacer crecer la organización a punta de robos y secuestros está muy lejos de lo que los hinchas hacen por ver a su equipo en la cancha, pero vasta con pensar en las 8 horas que se pasan detrás de un escritorio para conseguir la siguiente camiseta de colección o viajar a otras ciudades para ver siempre el mismo decepcionante jugador que insultan desde la tribuna pues es un petardo. Y es que aquí va la tercera enmienda, y es que es una relación de amores y odios, un día lo amas y al otro no sabes por qué quieres renunciar, no crees que los líderes, ni el Director Técnico, ni el goleador, ni el cabecilla, nadie este haciendo lo suficiente o se equivocó en sus decisiones, entonces, caen en un ciclo vicioso, épocas de ardiente excitación pensando que las pequeñas batallas ganadas pero odiando e incluso llorando a grito herido cuando las guerras están perdidas. Y así van años y años de inconclusos esfuerzos, decisiones mal tomadas y objetivos perdidos.
No me digan que no tiene punto de
comparación, esto pasa cuando la pasión va más allá de la razón, de realmente
detenerse a pensar, que estamos haciendo, alimentando mafias y dándole pan y
guerra a quienes no se lo merecen. Pan y circo decía mi profesor de sociología,
es lo que vemos en la guerra y en el estadio. Hasta que un día viejos y
cansados de tanto luchar entregan armas y ahí dejan los fierros, o más bien ahí
dejan la pasión.
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